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EL EVANGELIO ÁRABE DE LA INFANCIA

9 Dic 2009 | por Fuente de Velen | 92 views

MEMORADIO 13

LIBERACIÓN DE VIAJEROS CAPTURADOS POR BANDIDOS

  1. Y, después, de que allí partieron, llegaron a un paraje, donde se escondían unos bandidos, que habían robado a una caravana de viajeros. Les habían quitado sus vestidura y los habían atado. Y aque­llos bandidos oyeron un ruido inmenso, pa­recido al causado por un rey poderoso, que saliese de su capital, acompañado de caba­lleros, de soldados, de tambores y de clari­nes. Y los bandidos, llenos de miedo y de pavor, abandonaron todo aquello de que se habían apoderado.

2. Entonces los secuestrados se levan­taron, se desataron unos a otros las ligadu­ras, recuperaron su caudal y se marcharon. Y, viendo aproximarse a María y a José, les preguntaron: ¿Dónde está el rey y se­ñor, cuyo cortejo brillante y tumultuoso oyeron acercarse los bandidos, y a causa de lo cual nos abandonaron, y nos deja­ron libres? Y José repuso: El va a llegar sobre nuestros pasos.

MEMORADIO 14

CURACIÓN DE UNA POSEÍDA

1.  Y llegaron a otra aldea, donde había una pobre mujer poseída, la cual, abiendo
salido de su casa por la noche en busca de agua, vio al Maligno bajo la figura de un joven. Y puso la mano sobre él, para aga­rrarlo, pero no pudo ni siquiera tocarlo. Y el rebelde maldito había entrado en el cuerpo de la mujer, estableciéndose allí y manteniéndola en el estado de naturaleza, como en el día de su nacimiento.

2.Y la poseída no podía soportar sobre sí vestido alguno, ni vivir en los lugares
habitados. Cuantas veces se la sujetaba con cadenas o con trabas, otras tantas las rom­pía, y se fugaba desnuda al desierto. Y se colocaba en las encrucijadas de los cami­nos y en las tumbas, y tiraba piedras sobre cuantos pasaban, causando mucho enfado a las gentes de la localidad, las cuales desea­ ban su muerte, y su familia estaba también muy afligida.

3. Cuando María y José entraron en aquella aldea, vieron a la infeliz, sentada, desnuda, ocupada en reunir piedras. Y Ma­ría tuvo piedad de su estado, y, tomandouno de los pañales de Jesús, lo echó sobre ella. Y, en el mismo instante, el demonio la abandonó precipitadamente bajo la figura de un joven, maldiciendo y gritando: ¡Mal­haya yo, a causa tuya, María, y de tu hi­jo! Y aquella mujer quedó libre de su azo­te. Vuelta en sí, confusa de su desnudez, y evitando las gentes, se cubrió con el pañal de Jesús, corrió a su casa, se vistió, e hizo a los suyos un relato detallado de lo ocu­rrido. Y los suyos, que eran los personajes más importantes de la aldea, dieron hospi­talidad a María y £ José, con magnificencia generosa.

MEMORADIO 15

CURACIÓN DE UNA JOVEN MUDA

1.  Al día siguiente, María y José se des­pidieron de sus huéspedes, bien provistos
por éstos de vituallas para la marcha. Y, por la tarde de aquel día, al ponerse el sol, llegaron a otra aldea, donde se celebraban unas nupcias. Y vieron una multitud de gentes reunidas y, en medio de ellas, la desposada herida de mutismo por las ma­ñas del demonio y la acción de encantado­ res perversos. Paralizados sus oídos y su lengua, la desposada no había vuelto a re­cobrar el uso de la palabra.

  1. Cuando María entró en la aldea, lle­vando en sus brazos a su hijo, la joven muda, que la vio, tomó a Jesús, lo besó, y lo apretó contra su pecho. Y un efluvio del cuerpo del niño se exhaló sobre ella, cu­yos oídos se abrieron, y cuya lengua se movió, para agradecer a Dios, con alaban­ zas, la recuperación de su salud. Y aquella noche hubo gran regocijo entre los habi­tantes de la aldea, que creyeron que Dios y sus ángeles habían descendido hasta ellos.

MEMORADIO 16

CURACIÓN DE OTRA POSEÍDA

1. Tres días permanecieron allí María y José, rodeados de honores y suntuosamen­te tratados por los novios y por las familias de éstos. Y se separaron de sus huéspedes, bien provistos por ellos de cosas útiles pa­ra el viaje, y llegaron a otra aldea, donde esperaban pasar la noche, por hallarse po­blada por numerosos y distinguidos habi­tantes. En aquella aldea vivía una mujer de fama muy honrosa. Un día, había ido al río a lavar sus vestidos. Y, en tanto que hacía su colada, vio que no venía nadie por los alrededores, se desnudó de su traje y em­pezó a bañarse. Y el Maligno, bajo forma de serpiente, la asaltó, enlazó su cintura, se enroscó alrededor de su vientre, y todos los días, a la caída de la noche, se extendía sobre ella.

2. Cuando María se le acercó, al ver al niño que ésta llevaba en sus brazos, corrió a su encuentro, y le dijo: «Oh, señora, da­me a este niño, para que lo alce, y lo abrace.» María se lo dio. Y tan pronto co­mo el niño estuvo en sus brazos, el demo­nio respiró los espíritus de Jesús y, bajo las miradas de todos, la serpiente huyó, y la poseída no la vio más. Y todos los asisten­tes alabaron al Altísimo, y aquella mujer trató espléndidamente a María y a José.

MEMORADIO 17

CURACIÓN DE UNA LEPROSA

  1. Cuando amaneció, la mujer vertió agua perfumada, para bañar en ella al niño Jesús. Y, después de haberlo lavado, con­ servó el agua del baño. Y había allí una jo­ven, cuyo cuerpo estaba blanco de lepra. Y, como hubiese sido testigo de la curación de aquella mujer, quiso, con fe, tomar el agua que había servido para lavar a Jesús. Y, vertiendo sobre su cuerpo un poco de aquel agua, quedó purificada de su lepra. Y todos los habitantes de la aldea exclama­ron: «Indudablemente, María, José y el niño son dioses y no hombres.»
  2. Y, en el momento en que María y José se preparaban a abandonar la casa, la jo­ven que había sido leprosa se arrodilló an­te ellos, y les dijo: «Os ruego, padres y señores míos, que me otorguéis ser vues­tra hija y vuestra sierva, y acompaña­ros, porque no tengo padre ni madre.»

MEMORADIO 18

CURACIÓN DE UN NIÑO LEPROSO

  1. Y ellos accedieron, y la joven partió en su compañía. Y llegaron a una aldea, en cuyos contérminos estaba enclavado un castillo perteneciente a un jefe ilustre, y que tenía un pabellón exterior, destinado a recibir a los huéspedes. En él entraron Ma­ría y José, y la joven pasó a ver a la esposa del señor. Y como la encontrase llorando entristecida, le preguntó: «¿Por qué Ho­ras? Y ella repuso: No te extrañen mis lá­grimas, porque tengo un gran dolor, que
    a nadie puedo revelar.»
    Mas la joven ledijo: «Si me lo indicas, y me lo descu­bres, quizá le encuentre yo un remedio».
  2. La mujer del jefe le dijo: «Guarda bien este secreto, y no lo manifiestes a nadie. Estoy casada con este jefe, cuyo poder se extiende sobre un vasto territo­rio. Con él he vivido mucho tiempo, sin darle hijos y, cuando, al fin, tuve uno, éste nació leproso. Y, así que él lo vio, se negó a reconocerlo, y me dijo: «O lo matas, o lo entregas a una nodriza de
    un país lejano, para que nunca más sepa de él. Por mi parte, rompo toda relación contigo, y en la vida volveré a verte.»
    No sé que partido tomar, y mi disgusto es infinito. ¡Ah, hijo mío! ¡Ah, esposo mío! Mas la joven repuso: He encontrado a tu mal un remedio, que voy a expo­nerte. Porque yo también soy leprosa, y me vi purificada por Dios, que no es otro que Jesús, el hijo de María. La mu­jer le dijo: ¿Dónde está ese Dios, de que acabas de hablarme? La joven dijo: Está aquí, en tu casa. Ella dijo: «¿Cómo? ¿Aquí se encuentra?» La joven dijo:
    «Aquí se hallan María y su esposo José, y ese niño que viaja con ellos es el que se llama Jesús y el que me ha curado de mi mal y de mi tormento.» La otra le di­jo: «¿Puedo saber cómo te ha curado de tu lepra?», y le respondió: «Con mucho gusto te complaceré. La madre del niño me dio agua que había servido para ba­ñarlo, agua que eché sobre mi cuerpo, y
    que purificó mi lepra.»

3. Entonces, la esposa del jefe se levan­tó, y pidió a María y a José, con todo en­carecimiento, que fuesen huéspedes suyos. E invitó a José a un gran festín, al cual fue­ron convidados gran cantidad de hombres. Y, al día siguiente, al amanecer, se levantó, y tomó agua perfumada, para bañar en ella a Jesús. Y tomando después a su hijo lo bañó en el agua que acababa de emplear, e, instantáneamente, el niño quedó purifica­do de su lepra. Y ella glorificó a Dios, di-ciéndole: «¡Dichosa tu madre, oh Jesús! ¿Cómo, con el agua en que te has baña­do, purificas de la lepra a los hombres, que son de la misma raza que tú?» E hi­zo a María regalos magníficos, y la despi­dió con los mayores honores.

MEMORADIO 19

EL JOVEN ESPOSO LIBRADO DE UN SORTILEGIO

  1. De allí se fueron a otra aldea, en la que quisieron pasar la noche. Y entraron en la vivienda de un recién casado, a quien un maleficio tenía alejado de su esposa. Y, apenas se hubieron albergado en la casa aquella noche, cesó el maleficio.
  2. Y, llegada la mañana, decidieron par­tir. Pero el recién casado los detuvo, y les obsequió con un festín espléndido.
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Un comentario en “EL EVANGELIO ÁRABE DE LA INFANCIA”

  1. Por veronika el 26 Ene, 2010

    interesante saver de todas estas maravillas del kristo, gratisimas por compartirlas y lisensiar ke konoscamos de esto que akontesio en la infancia del kristo gratisimas.

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