EL EVANGELIO ÁRABE DE LA INFANCIA

16 Dic 2009 | por Fuente de Velen | 66 views

MEMORADIO 20

EL JOVEN CONVERTIDO EN MULO

1. Al día siguiente se pusieron en cami­no. Y, al acercarse a otra aldea, vieron a tres mujeres que regresaban a pie del ce­menterio, llorando. Y María dijo a la joven que los acompañaba: «Pregúntales qué les ha ocurrido, y qué mal aflige su alma». La joven les transmitió la pregunta, y ellas, sin responderle, dijeron: «¿De dónde sois, y a dónde vais? Porque el día ha trans­currido, y la noche ha llegado.» La joven repuso: «Somos viajeros, y buscamos un asilo donde pasar la noche.» Y las muje­res le dijeron: «Venid con nosotras y pa­saréis la noche en nuestra casa.»

2.Y, habiéndolas acompañado, vieron que tenían una casa nueva, bien adornada y ricamente amueblada, en la cual los apo­sentaron. Y era invierno, y entonces la jo­ven entró también, y vio a las mujeres gi­miendo y llorando. Cerca de ellas había un mulo cubierto de una funda de brocado, y ante el que se había colocado sésamo. Y lo
abrazaron, y le dieron de comer. La joven les preguntó: «Mis señoras, ¿qué hace aquí este mulo?» Y ellas, deshechas en lá­grimas, le respondieron: «Este mulo que
ves ha sido nuestro hermano, hijo de nuestra madre, que está presente. Nues­tro padre nos ha dejado una gran fortu­na. No teníamos más hermano que éste, y pensábamos encontrarle una mujer, y casarlo según las leyes de la humanidad. Empero algunas perversas mujeres dadas a las hechicerías hicieron sobre él un sortilegio.»

3. «Y, ello sucedió una noche, poco antes de amanecer, mientras dormíamos y mientras las puertas de nuestro cora­zón y de nuestra casa estaban cerradas.
Cuando la mañana llegó, miramos y reconocimos que nuestro hermano no es­taba cerca de nosotras. Se había metamorfoseado en este mulo, que sabemos
es él. Y, como no tenemos ya padre que nos consuele en tan acerbo disgusto, nos hallamos en la aflicción de que eres tes­tigo. No hay sabio, mago o encantador que no hayamos consultado. Pero esto de nada nos ha servido. Y, cuantas veces elcorazón nos oprime, con más fuerza que otras, vamos con nuestra madre a llorarsobre la tumba de nuestro padre, y des­pués volvemos  *>

MEMORADIO 21

EL MULO TRANSFORMADO EN HOMBRE

1. Al oír el relato de aquellas mujeres, la joven les dijo: «Consolaos, y no lloréis. El remedio de vuestro mal está cercano, puesto que está muy próximo de vuestra misma casa. Porque yo misma en perso­na he sido leprosa. Pero, habiendo visto a una mujer llamada María con su pe­queño llamado Jesús, un día que su ma­dre terminaba de bañarlo, tomé el agua de su baño, la derramé sobre mi cuerpo, y quedé curada. Sé, por consiguiente, que posee el poder de remediar vuestro mal. Levantaos, pues, id al encuentro de Nuestra Señora Santa María, traedla a vuestra casa, descubridle vuestro secre­to, y suplicadle que tenga piedad de vos­otras.»

2.Cuando las mujeres hubieron escu­chado lo contado por la joven, salieron corriendo al encuentro de Nuestra Señora Santa María, la llevaron a su casa, y, arrodilladas ante su presencia, le dijeron llo­rando: «¡Oh Nuestra Señora Santa María, compadécete de tus siervas! No tenemos ningún pariente de edad, ni jefe
de familia, ni padre, ni hermano, que nos proteja. Este mulo que ves aquí es nuestro hermano, y no un animal. Dia­bólicas brujas lo han reducido con sus
maleficios al estado en que hoy se en­cuentra. Te rogamos que tengas compa­sión de nosotras.»
Y Nuestra Señora San­ta María, apenada ante su desgracia, tomó a Jesús y lo puso sobre el lomo del mulo. Ella lloraba y las mujeres también. Y Ma­ría dijo: «Jesús, hijo mío, haz que la po­derosa virtud oculta en ti obre sobre este mulo y le devuelva la naturaleza huma­na que tenía antes.»

3. Y, en el mismo instante, el mulo cambió de forma, recobró su figura prístina y se convirtió en el joven libre de todo el maleficio que antes tenía. Entonces, él, su madre y sus hermanas, se prosternaron an­te María, colocaron el niño sobre sus cabe­zas y lo abrazaron, diciendo: «¡Dichosa tu madre, oh Jesús, salvador del mundo!
¡Bienaventurados los ojos que han al­
canzado el favor de mirarte!»

MEMORADIO 22

UNION DE DOS JÓVENES CURADOS POR JESÚS

1. Y las dos hermanas dijeron a su ma­dre: «He aquí que nuestro hermano ha vuelto al estado normal, por el socorro de Jesús, y gracias a esta joven que nos ha hecho conocer a María y a su hijo. Ahora bien: nuestro hermano no está ca­sado, y el mejor partido que podemos to­mar para él es unirlo a esta joven, que está al servicio de esta familia.» E inte­rrogaron a María sobre el asunto, y ella ac­cedió a su petición. Y celebráronse con es­plendor las bodas de la joven, y la alegría de las tres mujeres ocupó el lugar de su an­terior desgracia. Y convirtieron sus lamen­taciones en cánticos de fiesta. Y dijeron, gozosas: «Jesús, el hijo de María, ha transformado el duelo en júbilo.»

2. María y José permanecieron allí diez días. Y después se fueron llenos de testimo­nios de respeto y de veneración por aquellas personas, que los despidieron con pena, y que, tras los adioses, regresaron a su casa deshechas en lágrimas, sobre todo la joven.

MEMORADIO 23

LOS DOS BANDIDOS

1.  Partidos de allí, llegaron a una tierra desértica y oyeron decir que no era segura, porque había en ella bandidos. Sin embar­go, María y José se decidieron a cruzar
aquel país durante la noche. Y, mientras caminaban, advirtieron que, al borde del ca­mino, estaban dos bandidos, apostados y destacados por sus compañeros, que dor­mían un poco más allá, para vigilar el ca­mino. Estos dos bandidos que se acababan de encontrar se llamaban Tito y Dumaco. Y el primero dijo al segundo: «Déjales el ca­mino libre, para que pasen, y que nues­tros compañeros no lo noten.» Dumaco no consintió en ello. Entonces Tito le dijo: «Te daré mi parte de cuarenta dracmas si me complaces.» Y le dio su cinturón como ga­rantía, para decidirlo a callarse.

2. Y, cuando María vio la noble acción de aquel bandido para con ellos, le dijo: «El  Señor Dios te protegerá con su diestra y te concederá el perdón de tus pecados.»
Y Jesús tomó la palabra, y dijo a María: «¡Oh madre mía, dentro de treinta años,
los judíos me crucificarán en la ciudad de Jerusalén, y, conmigo, crucificarán a estos dos bandidos, Tito a mi derecha, y Dumaco a mi izquierda! Y, en el día aquel, Tito me precederá en el paraíso.» Y María contestó: «¡Esto os sea recom­pensado, hijo mío!»

3. De allí se dirigieron a la ciudad de los ídolos. Y, cuando se acercaron a ella, la ciudad fue víctima de un terremoto y que­dó convertida en colinas de arena.

MEMORADIO 24

LA SAGRADA FAMILIA EN MATARIEH

1.  De allí se dirigieron al sicómoro que se llama hoy día de Matarieh.

2.Y, en Matarieh, el Señor Jesús hizo brotar una fuente, en que Santa María le lavó su túnica. Y el sudor del Señor Jesús, que ella escurrió en aquel lugar, hizo nacer allí bálsamo.

MEMORADIO 25

LA SAGRADA FAMILIA EN MISR

1.  De allí se fueron a Misr. Y vieron al Faraón, y vivieron en el país de Misr du­rante tres años. Y el Señor Jesús realizó, en el país de Misr, numerosos milagros, que no figu­ran en los «Evangelios de la Infancia», ni en los «Evangelios Completos».

MEMORADIO 26

REGRESO A NAZARETH

1.  Después de tres años, volvieron de Misr. Y cuando alcanzaron la tierra de Judea, José temía pasar adelante, por haber sabido que Herodes había muerto, y que su hijo Arquelao lo había sucedido como rey del país. Entonces el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: «José, vete a la villa de Nazareth, y permanece allí.»

2. ¡Oh sorprendente milagro, que haya sido llevado y traído a través de los países, como aquel que no tiene morada, ni alber­gue, el dueño de todos los países y el paci­ficador de los mundos y de las criaturas!

MEMORADIO 27

EPIDEMIA EN BETLEHEM. CURACIÓN DE UN NIÑO

1.  Y, cuando entraron en la villa de Betlehem, había allí numerosos casos de una grave enfermedad que atacaba a los niños en los ojos, y de la cual morían.

2. Y una mujer, que tenía a su hijo en­fermo y próximo ya a la muerte, lo llevó a Santa María, a quien vio ocupada en bañar a Jesús, y a quien dijo: «¡Oh María, mi
señora, mira cuan cruelmente sufre este fruto de mis entrañas! ¿No tendrá el Se­ñor misericordia de él?»

3. Y, una vez hubo María retirado a Je­sús del agua en que lo había lavado, res­pondió a la mujer en estos términos: «To­ma un poco de este agua en que acabo
de bañar a mi hijo, y échala sobre el tu yo». Y la mujer lo hizo así, y lavó conaquella agua a su hijo enfermo, que cesó de agitarse, y lo envolvió en su vestido y lo
adormeció. Y el niño se despertó en pleno estado de perfecta salud. Y aquella mujer glorificó a Dios y a Jesús, y, llena de júbi­lo, llevó a su hijo a la Virgen, que le dijo:
«Da gracias al Señor, que te ha curado este niño.»

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