EL EVANGELIO DE TOMAS
MEMORADIO 12
Milagro del grano de trigo
1. Otra vez, en la época de la siembra, el niño salió con su padre para sembrar trigo en su campo y, mientras su padre sembraba, el niño Jesús sembró también un grano de trigo.
2. Y, una vez lo hubo recolectado y molido, obtuvo cien medidas y, llamando a la granja a todos los pobres de la aldea les repartió el trigo y José se quedó con lo que aún restaba. Y Jesús tenía ocho años cuando hizo este milagro.
MEMORADIO 13
Milagro de las dos piezas de un lecho
1. Y su padre era carpintero y hacía en aquel tiempo carretas y yugos. Y un hombre rico le encargó que le hiciese un lecho. Mas, habiendo cortado una de las piezas más pequeñas que la otra, no sabía cómo
solucionarlo. Entonces el niño Jesús dijo a su padre José: «Pon las dos piezas en el suelo e iguálalas por tu lado.»
2. Y José procedió como el niño le había indicado. Y Jesús se puso al otro lado, tiró de la pieza más corta y la tornó igual a la otra. Y su padre José, viendo aquello, quedó admirado y abrazó a Jesús, diciendo: «Felicitarme puedo de que Dios me haya dado este niño.»
MEMORADIO 14
Relaciones con un segundo maestro
1. Viendo José que el niño crecía en edad y en inteligencia, y no queriendo que permaneciese iletrado, lo llevó a un segundo maestro. Y este maestro dijo a José: «Le enseñaré primero las letras griegas,
y luego las hebraicas». Porque el maestro conocía la inteligencia del niño. Sin embargo, después de haber escrito el alfabeto, se ocupó largamente de él y Jesús no le respondió, hasta que le advirtió:
2. «Si eres verdaderamente un maestro, y conoces bien el alfabeto, dime primero el valor de Alpha y yo te diré luego el de Beta.» pero el maestro, irritado, le pegó en la cabeza. Y el niño, en su dolor,
lo maldijo y aquel cayó exánime, con la faz contra tierra.
3. Y el niño volvió a casa de José, que quedó muy afligido y recomendó a su madre: «No le dejes pasar de la puerta, porque cuantos le encolerizan, quedan heridos de muerte».
MEMORADIO 14
Jesús confunde a un tercer maestro
1. Y, algún tiempo después, otro maestro, que era pariente y amigo de José, le dijo: «Tráeme al niño a la escuela, que quizá podré por la dulzura enseñarle las letras.» Y José le contestó: «Si tienes valor, hermano, llévalo contigo», y lo llevó con temor y repugnancia y el niño iba con placer.
2. Y, entrando decididamente en la escuela, encontró un libro, sobre un pupitre y, tomándolo, no leía los caracteres que en él se encontraban, sino que, abriendo la boca, hablaba conforme a la inspiración del
Espíritu Santo. Y enseñó la Ley a los presentes. Y, juntándose una gran multitud, lo rodeaba, lo escuchaba y se admiraba de la belleza de sus descripciones, de lo exacto de sus discursos y de que un niño como él
se expresase de tal manera.
3. Al oír esto, José, espantado, fue a la escuela, temiendo por la salud del profesor. Y el maestro dijo a José: «Sabe, hermano, que yo he tomado al niño por discípulo, pero está lleno de sabiduría y de
gracia. Condúcelo, yo te lo ruego, a tu domicilio.»
4. Y, cuando el niño hubo oído estas palabras, sonrió y le dijo: «Puesto que has hablado bien y has dado buen testimonio, sea por tu causa curado quien fue herido», y en seguida el otro maestro fue curado. Y José volvió con el niño a su casa.



Asi de facil!!!
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