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EL EVANGELIO DE VALENTINO

20 Sep 2009 | por Fuente de Velen | 30 views

MEMORADIO 14
La Sabiduría fiel impetra por octava vez el auxilio de la luz

Y Jesua prosiguió su discurso a sus discípulos.
Y dijo: Cuando la Sabiduría fiel hu­bo dicho su séptima plegaria en el caos y sin que aún me hubiese llegado orden del primer misterio para libertarla, ele­vándola sobre el caos, por mi propio im­pulso, y en virtud de mi misericordia, sin esperar la orden, la conduje a un lu­gar despejado sobre el caos.
Y sus enemigos cesaron momentá­neamente de atormentarla, creyendo que iba a ser definitivamente arrojada en el caos.
Y la fiel Sabiduría ignoraba que yo la asistía y me desconocía del todo.
Y persistía en celebrar el tesoro de la luz, que había visto antes y al que se­guía fiel.
Y pensaba que era él el que la asistió, y como era fiel a la luz, creía que su súpli­ca se escucharía y sería llevada del caos.
Mas no se había aún cumplido la disposición del primer misterio a fin de que su ruego fuese escuchado.
Escuchad, pues, y yo os diré cuán­tas cosas sucedieron a la fiel Sabiduría.
Ocurrió, que, cuando yo la llevé a un lugar más desahogado del caos, las emanaciones del triple poder dejaron de atormentarla, creyendo que yo la iba a llevar completamente al caos.Y cuando supieron que la Sabidu­ría fiel no era conducida al caos, volvie­ron a torturarla sumamente.
Y por eso ella elevó su octava sú­plica.
Y dijo de este modo: Yo he pues­to, ¡oh luz! mi corazón en ti; no me dejes en el caos. Escúchame y líbrame en tu pensamiento.
Vuelve mi espíritu hacia mí y líbra­me; sé mi salvador, ¡oh luz!, y líbrame. Llévame a tu luz, porque tú eres mi salvador y tú me conducirás hacia ti.
Y por el misterio de tu nombre, indícame tu camino y dame tu misterio. Y líbrame de la fuerza de rostro de león y de mis enemigos, que me han tendido asechanzas.
Porque tú eres mi salvador y yo entregaré la pureza de mi luz en tus ma­nos. Libértame, ¡oh luz! en tu conoci­miento.
Y tú te irritarás contra aquellos que vigilan contra mí, para que no se apoderen de mí totalmente. Porque yo he creído en la luz, y yo te adoraré y contaré tus alabanzas, para
que tengas piedad de mí y vuelvas tu co­razón a la pena en que me encuentro. Y tú me librarás y me restituirás mi fuerza del caos. Y no me abandonarás a la fuerza con rostro de león, mas me conducirás a la región en que la aflicción no existe. Y cuando Jesús habló a sus discí­pulos, continuó: Y dijo: Cuando la fuerza de faz de león supo que la Sabiduría fiel no había sido arrojada al caos, vino con todas las otras emanaciones materiales del triple poder.
Y otra vez atormentaron a la fiel Sabiduría. Y cuando la torturaban, ella prosiguió impetrando. Y dijo: Ten piedad de mí, luz, porque ellos me atormentan aún.
Y cuanto hay en mí, y mi fuerza y mi espíritu son turbados, según tu or­den, ¡oh luz! Y mi fuerza ha sufrido grandes perjuicios, mientras yo estaba sujeta a tormentos.
Y el número de mi tiempo está en el caos.
Y mi luz se ha eclipsado, porque mi fuerza me ha sido arrebatada. Y cuantas fuerzas había en mí han sido destruidas.
Y soy impotente ante todos los archones de los eones que me odian y ante las veinticuatro emanaciones en cuyas regiones yo estaba.
Y mi hermano ha temido seguir­me, en vista de las persecuciones en que me ha visto sumida.
Y todos los archones de las regio­nes superiores me han mirado como la materia en que no hay ninguna luz.
Y me he convertido como en una fuerza material que ha caído lejos de los archones.
Y cuantos están en los eones han dicho: Ella es como el caos. Y todas las fuerzas que no tienen misericordia han venido sobre mí para quitarme toda mi luz.
Pero, yo he creído en ti, luz, y he dicho: Tú eres mi salvador: y mi suerte, que tú has marcado, está en tu mano. Líbrame, pues, de los enemigos que me acusan y me persiguen.
Extiende tu luz sobre mí, porque yo no soy nada en tu presencia, y con­sérvame en tu misericordia.
Y no consientas que caiga sobre mí la ignominia. Porque es a ti, oh luz, a quien yo glorifico en mis himnos. Que el caos envuelva a mis perse­guidores y que sean sumergidos en las
sombras infernales. Cierra la puerta a quienes quie­ren devorarme. Y dicen: Arranquémosle la luz que hay en ella. Porque yo no les he hecho ningún mal.
MEMORADIO 15
Novena plegaria de la Sabiduría fiel

Y Mateo, cuando Jesua hubo hablado así, se adelantó.
Y dijo: Señor, tu luz me ha instrui­do para que yo explique la octava plega­ria de la Sabiduría fiel.
Porque tu fuerza ha profetizado en el salmo treinta de David, diciendo: En ti he puesto, Señor, mi corazón.
No permitas que se me humille eternamente. Y oyendo estas palabras dijo Jesua: En verdad te digo, Mateo, que cuando el número perfecto sea cumplido y cuando el universo sea destruido, yo estaré sen­tado en el tesoro de la luz. Y vosotros estaréis sentados sobre las doce fuerzas de la luz, hasta que sean restablecidos los rangos de los doce salva­dores en las regiones de cada uno de ellos. Y continuó hablando y dijo: ¿Com­prendéis lo que os he dicho?
Y María se adelantó y dijo: Señor, tú siempre nos has hablado en parábolas. Y nos has dicho en ellas: Yo esta­bleceré con vosotros un reino como el que mi Padre ha establecido conmigo.
Y comeréis y beberéis en mi mesa y en mi reino. Y estaréis sentados en los doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y Jesua contestó: Está bien, María. Y continuó y dijo a sus discípulos: Y las emanaciones del triple poder con­tinuaron atormentando, en el caos, a la Sabiduría fiel.
Y ella pronunció su novena súpli­ca y dijo: ¡Oh luz, confunde a los que me arrebatan mi fuerza y devuélveme la que me han quitado! Ven y sálvame. Porque grandes ti­nieblas me envuelven y me afligen.
Di a mi fuerza: yo te liberaré. Y que cuantos quieren arrebatar­me mi luz sean privados de su fuerza y vuelvan al caos. Que sean reducidos a la impoten­cia los que quieren quitarme mi luz. Que su fuerza sea como el polvo y que tu ángel, leu, los hiera. Y si quieren ascender a lo alto, que las tinieblas los rodeen. Y que sean arrojados en el caos, y que leu, tu ángel, los persiga para herir­los en las tinieblas del infierno.
Porque me han tendido asechan­zas y lo mismo la fuerza con faz de león. Y sin que yo los haya dañado, me atormentan y me quieren arrancar mi fuerza toda.
Arranca, ¡oh luz¡, la purexa a la fuerza de faz de león, sin que ella lo sepa. Y confunde el proyecto que ha maquinado el triple poder, para arreba­tar mi fuerza, y arrebátale la suya.
Y mi fuerza se regocijará en la luz y será alegre, porque tú la habrás salvado.
Y todas las partes de mi fuerza di­rán: no hay más salvador que tú. Porque me has librado de la fuer­za con rostro de león que me arrebataba mi fuerza.
Y me salvarás de todos los que me quitan mi fuerza y mi luz. Porque se han levantado contra ti, profiriendo mentiras, y diciendo que yo conocía el misterio de la luz de la región
superior.
Y me apremiaban, exclamando:  Dinos los misterios de la luz de la región superior. Mas yo ignoraba esos misterios y me han infligido grandes males.
Porque yo he sido fiel a la luz de la región superior. Y me he sentado en las tinieblas, como en el duelo. Sálvame, ¡oh luz!, a la que elevo mis himnos.
Porque yo sé que tú me salvarás, pues que yo hacía tu voluntad cuando estaba en la región de los eones. Y yo cumplía tu voluntad como las potencias invisibles que están en mis
regiones y yo lloraba, buscando con celo tu luz.
Y ahora mis enemigos me rodean,  y se alegran de mis males, y me infligen sin piedad grandes aflicciones. Y rechinan los dientes contra mí y me quieren arrebatar toda mi luz.
¿Hasta cuándo, luz, permitirás que sigan afligiéndome? Libra mi fuerza de sus malos pro­pósitos y presérvame de la fuerza con rostro de león. Porque yo estoy sola en estas regiones.
Y en medio de cuantos se han jun­tado contra mí, yo te glorifico, ¡oh luz! Y clamaré siempre a ti, en medio de todos los que me afligen.
Que no se regocijen más sobre mí, atormentándome y quitándome mi fuerza. Tú conoces su astucia, ¡oh luz! No permitas que tu ayuda se aleje de mí.
Apresúrate, ¡oh luz! Júzgame en tu bondad y véngame.
¡Oh luz de las luces! Que mis ene­migos no me arrebaten mi luz.
Y que no digan entre sí: Nuestra fuerza se ha reforzado con su luz.
Y que no digan: Hemos devorado su fuerza.
Sino que las tinieblas los rodeen y hagan impotentes a aquellos que me quieren robar mi luz.
Y que aquellos que dicen: Nosotros hemos robado su fuerza y su luz, sean hundidos en el caos y en las tinieblas.
Sálvame, para que yo sea en gozo. Porque yo aspiro a la trecena re­gión de los eones, que es la región de la justicia.
Y para que yo diga a toda hora: La luz de leu, tu ángel, irá aumentando de brillo.
Y mi lengua contará eternamente tus alabanzas en la decimotercera región de los eones.

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