EL EVANGELIO DE VALENTINO

30 Jun 2009 | por Fuente de Velen | 31 views

MEMORADIO 3

Cristo explica a sus discípulos su viaje a través de las distintas esferas

Y todas las puertas del firmamento se abrieron ante mí.
Y subí a la primera esfera, y brillé con una luz inmensísima, cincuenta y nueve veces mayor que aquella con que destellé en el firmamento.
Y cuando llegué a las puertas de la primera esfera, todas se abrieron a la vez por sí solas.
Y cuando entré en el círculo de las esferas emanando una luz infinita, todos los archones fueron en turbación viendo el esplendor que me pertenecía.
Y mirando mi ropaje, vieron el misterio de su nombre, y su turbación aumentó.
Y tuvieron gran espanto, y dijeron: ¿Qué cambio nos ha producido el señor del firmamento?
Y todas sus filas y sus lazos se rom­pieron.
Y cada uno se detuvo en su fíla, y me adoraron a mí y a mi investidura, y cantaron himnos del interior de los inte­riores, con gran temor y desconcierto.
Y fui a las puertas de la segunda esfera, que es el Heimarméné y sus puer­tas se abrieron por sí mismas.
Y entré en el ámbito de Heimar­méné, rodeado de una luz formidable, y no había ningún género de luz que no fuese en mí.
Y la luz era cuarenta y nueve veces más grande allí que en la primera esfera.
Y todos los archones de la segun­da esfera cayeron, en su turbación, unos sobre otros, llenos de espanto ante la luz que me pertenecía.
Y viendo en mi vestidura el misterio de su nombre, quedaron desconcertados, y se preguntaban: ¿Cómo es que el Señor nos ha cambiado, sin saberlo nosotros?
Y los lazos de sus lazos, y de sus filas, y de sus cimientos, fueron rotos.
Y cada uno se detuvo en su puesto y, prosternándose ante mí y ante mi ves­te, me adoraron.
Y cantaron un himno desde el in­terior de los interiores, y estaban llenos de temor y de turbación.
Y, dejando aquel lugar, subiendo hacia los grandes archones de los eones, llegué a sus velos y a sus puertas, entre una claridad inmensa, y no había especie de luz que no fuese en mí.
Y cuando llegué a los doce eones, sus puertas se conmovieron, y sus velos se plegaron por sí mismos, y sus puertas se abrieron a la vez.
Y entré entre los eones destellan­do un resplandor inmenso, en que nin­gún género de luz faltaba, y este res­plandor era cuarenta y nueve veces más grande que en el Heimarméné.
Y sus ángeles, y sus eones, y sus arcángeles, y sus archones, y sus dioses, y sus señores, y sus fuerzas, y sus lumi­narias, y sus antepasados, y sus triples poderes, vieron que yo era luz infinita, alque ninguna especie de luz es ajena.
Y se desconcertaron, y un gran pavor los dominó cuando vieron la luz deslumbrante que había en mí.
Y su pavor y turbación llegaron hasta las regiones del Gran Maestro de los cielos, y de los tres grandes triples poderes.
Y por su gran espanto, el Gran Maestro y los tres grandes triples pode­res, corrían de un lado para otro, y no pudieron cerrar sus regiones, a causa del gran temor que experimentaban.
Y reunieron a todos sus eones, y todas sus esferas, y todos sus subditos espantados por el gran resplandor que veían en mí.
Porque el mundo no hubiera po­dido soportar la luz que había en mí en­tre los eones, y se hubiera disuelto.
Y yo brillaba allí con una luz ocho mil setecientas veces mayor que lo que fue conmigo cuando yo estaba en el mundo con vosotros.
Y cuantos había en el círculo de los doce eones se aturdieron, viendo la luz que me envolvía, y corrían de un la­do para otro. Y todas sus regiones, y sus cielos, y sus mundos, se conmovieron, porque no conocían el misterio que se había cumplido.
Y además, el gran tirano y todos los tiranos que están en los eones comen­zaron a combatir contra la luz.
Y no pudieron ver lo que comba­tían, porque no veían nada más que una luz muy brillante.
Y cuando combatían contra la luz, sucumbieron todos y, cayendo sin fuerza, quedaron sin aliento, como los habitantes de la tierra al morir.
Y yo les arrebaté la tercera parte de su fuerza, para que no pudieran per­sistir en sus malos actos, ni los hombres de la tierra los invocasen en sus miste­rios revelados por los ángeles pecadores, y que constituyen la magia.
Y así si los hombres los invocasen con fines perversos, no podrán ejecutar malas acciones.
Y troqué los Heimarménés y las esferas que son sus soberanas. Y las vol­ví durante seis meses a la izquierda y seis meses a la derecha, ejerciendo sus influencias, según el mandato del primer precepto y según el mandato del primer misterio.
E láo, el guardián de la luz, lashabía colocado mirando siempre a la iz­quierda, y ejerciendo así sus influjos y sus funciones.
Y he aquí que cuando yo llegaba a sus regiones, fueron rebeldes y se mos­traron hostiles a la luz.
Y por eso les quité la tercera par­te de su fuerza, para que no pudiesen ejercer sus prácticas malévolas.
Y cambié los Heimarménés y las esferas, poniéndolas a la derecha seis meses para ejercer sus influjos, y seis meses a la izquierda.

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