EL PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO
MEMORADIO 7
Consagración de María en el templo
1. Y los meses se sucedían para la niña. Y, cuando llegó a la edad de dos años, Joaquín dijo: Llevémosla al templo del Señor, para cumplir la promesa que le hicimos, no sea que nos la reclame y rehuse nuestra ofrenda. Y Ana respondió: Esperemos al tercer año, a fin de que la niña no nos eche de menos. Y Joaquín respondió: Esperemos.
2. Y cuando la niña alcanzó la edad de tres años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mácula, que tome cada cual una lámpara y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás y para que su corazón no se fije en nada que sea ajeno al templo del Señor. Y ellas hicieron lo que se
les ordenaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el gran sacerdote acogió a la niña y, abrazándola, la bendijo y exclamó: El Señor ha dado gloria a tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por El concedida a los hijos de Israel.
3. E hizo que la niña se sentara en la era grada del altar y el Señor envió su gracia sobre ella, y ella danzó sobre sus pies y toda la casa de Israel la amó.
MEMORADIO 8
Pubertad de María
1. Y sus padres marcharon del templo llenos de admiración y glorificando al todopoderoso, porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo del Señor, alimentándose como una paloma y recibía su sustento de manos de un ángel.
2. Y, cuando alcanzó la edad de doce años, los sacerdotes se congregaron y dijeron: He aquí que María ha cumplido la edad de doce años en el templo del Señor. ¿Qué determinación tomaremos con ella para que no mancille el santuario? Y dijeron al gran sacerdote: Tú, que eres el encargado del altar, entra y ruega a María, y hagamos lo que te ilumine el Señor.
3. Y el gran sacerdote se puso su traje de doce campanillas, entró en el Santo de los Santos y oró por María. Y he aquí que un ángel del Señor se le apareció, diciéndole: Zacarías, Zacarías, sal y convoca a
todos los viudos del pueblo y que éstos vengan cada cual con una vara y aquel a quien el Señor le envíe un prodigio, de aquel será María la esposa. Y los heraldos salieron y recorrieron todo el país de
Judea y la trompeta del Señor resonó y todos los viudos acudieron a su llamada.
MEMORADIO 9
José, guardián de María
1. Y José, abandonando sus herramientas, salió para agruparse a los demás viudos, y todos congregados fueron a encontrar al gran sacerdote. Este recogió las varas de cada cual, penetró en el templo y oró. Y, cuando hubo terminado su plegaria, volvió a retomar las varas, salió, se las
devolvió a sus dueños respectivos y no notó en ellas prodigio alguno. Y cuando José tomó la última, he aquí que una paloma salió de ella y voló sobre la cabeza del viudo. Y el gran sacerdote dijo a José: Tú eres el
designado por el Señor para tomar bajo tu guarda a la Virgen del Altísimo.
2. Mas José se negaba a ello, diciendo: Soy viejo, y tengo hijos, mientras que ella es una niña. No quisiera servir de irrisión a los hijos de Israel. Y el gran sacerdote respondió a José: Teme al Señor tu Dios y recuerda lo que hizo con Dathan, Abiran y Coré y cómo, entreabierta la tierra, los sumió en sus entrañas, a causa de su desobediencia. Teme, José, que no suceda lo mismo en tu casa.
3. Y José, lleno de temor, recibió a María bajo su custodia, diciéndole: He aquí que he recibido del templo del Señor y que te dejo en mi hogar. Ahora voy a trabajar en mis construcciones y después volveré cerca de ti. Entre tanto, el Señor te protegerá.
MEMORADIO 10
El velo del templo
1. Y he aquí que los sacerdotes, reunidos en consejo, dijeron: Hagamos un velo para el templo del Señor. Y el gran sacerdote dijo: Traedme jóvenes sin mácula de la casa de David. Y los servidores fueron a buscarlas y encontraron siete jóvenes. Y el gran sacerdote recordó a María, que era de la tribu de David y de que permanecía sin mancilla ante Dios. Y los servidores partieron y la trajeron.
2. Y metieron a las jóvenes en el templo del Señor, y el gran sacerdote dijo: Echad a suertes sobre cuál de ellas hilará el oro, el jacinto, el amianto, la seda, el lino fino, la auténtica escarlata y la verdadera púrpura.Y la verdadera escarlata y la verdadera púrpura le tocaron a María, que, habiéndolas recibido, volvió a su casa. Y, en este momento, Zacarías, emocionado, quedó mudo y Samuel lo reemplazó en sus funciones, hasta que recobró la palabra. Y María tomó la escarlata y empezó a hilarla.
MEMORADIO 11
La anunciación
1. Y María tomó su cántaro y salió a llenarlo de agua. Y he aquí que entonces se oyó una voz que decía: Salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo y bendita tú eres entre todas las mujeres. Y ella miró en su torno, a derechas e izquierdas, para ver de dónde venía la voz. Y, toda temblorosa, regresó a su casa, dejó el cántaro, y, tomando la púrpura, se sentó y se puso a hilar.
2. Y he aquí que un enviado del Señor se le apareció, diciéndole: No temas, María, porque has encontrado gracia ante el Sumo Hacedor y concebirás su Verbo. Y María, vacilante, respondió: Si debo concebir al Dios vivo, ¿daré a luz como toda mujer da?
3. Y el enviado del Señor dijo: No será así, María, porque la virtud del Señor te fecundará con su sombra, y el ser sakro, que de ti nacerá se llamará Hijo del Altísimo. Y le darás el nombre de Jesua, porque librará a su pueblo de sus pecados. Y María dijo: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra.



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