LIBRO SOBRE LA INFANCIA DEL SALVADOR
En este día les hacemos la entrega de la continuación de la infancia del salvador. Recordemos que en días anteriores ya publicamos otras dos historias les dejamos los enlaces para que la recuerden.
LIBRO SOBRE LA INFANCIA DEL SALVADOR 1.
LIBRO SOBRE LA INFANCIA DEL SALVADOR 2.
Continuacion del relato.
Adoración de los Magos
89. José, al ver a los Magos, dijo: “¿Quién crees serán estos que vienen hacia nosotros? Me da la sensación de que se están aproximando después de un largo viaje. Me levantaré, y saldré a su encuentro”. Y, adelantándose, dijo a Simeón: “Creo que son unos magos: pues efectivamente no están quietos un momento, constantemente están observando y discutiendo entre sí. Y me parecen además forasteros, pues sus trajes son distintos a los nuestros, su traje es amplísimo y de color oscuro. Además tienen también birretes en sus cabezas y llevan unas sarabaras ceñidas a sus piernas. Pero he aquí que se han parado y me han dirigido una mirada. Ahora emprenden de nuevo la marcha hacia nosotros”. Cuando hubieron llegado a la cueva, les dijo José: “¿Quiénes sois vosotros? Decídmelo”. Mas ellos querían entrar con audacia, pues ciertamente se dirigían al interior. José les dijo: “Decidme, por vuestra salud, quiénes sois para entrar así a mi albergue”. Ellos respondieron: “Nuestro guía ha entrado aquí ante nuestros ojos ¿Por qué nos preguntas a nosotros? Dios nos ha enviado aquí.” Dijéronle: “Podemos asegurarte que es la salvación de todos.”
90.”Hemos visto en el cielo la estrella del rey de los judíos y la hemos seguido hasta aquí para adorarle, pues así está dicho en los libros antiguos acerca de la señal de esta estrella, que cuando aparezca este astro, nacerá el rey eterno y dará a los justos una vida eterna”. Díceles José: “Sería prudente que hicierais primero averiguaciones en Jerusalén, pues allí está el templo del Señor”. Respondiéronle: “Ya hemos estado en Jerusalén y hemos anunciado al rey que ha nacido, el Cristo, y que vamos en su busca. Mas él nos dijo: Yo ignoro cuál es el sitio en que ha nacido. Después envió
aviso a todos los escudriñadores de las escrituras y a todos los magos, príncipes de los sacerdotes y doctores, quienes vinieron a su presencia. El les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos respondieron: En Belén. Pues así está escrito acerca de él: Y tú, Belén, tierra de Judá, no serás la más insignificante entre la principales de Judá, pues de ti ha de salir el jefe que rija los destinos de mi
pueblo Israel. Nosotros, en cuanto oímos esto, caímos en la cuenta y hemos venido a adorarle. Es de saber que la estrella que se nos apareció ha ido ante nosotros desde que emprendimos el viaje. Mas
Herodes, al oír estas cosas, cogió miedo y nos preguntó secretamente acerca de qué tiempo hacia que la estrella se nos apareció. Al marcharnos, nos dijo: Informaos con toda diligencia y, cuando le
hayáis encontrado, hacédmelo saber para que yo también vaya a adorarle.”
91. Y el mismo Herodes nos dio la diadema que él solía llevar en su cabeza y un anillo en el que va engarzada una preciosa piedra real, sello sin igual que le envió como presente al rey de los Persas; y nos ordenó que ofreciéramos este don al niño. El mismo Herodes prometió traerle un presente cuando estuviéramos de vuelta ante su presencia. Recibidos los dones, partimos de Jerusalén. Pero he aquí que la estrella, que se nos había aparecido, iba ante nosotros desde que salimos de Jerusalén hasta este lugar y luego penetró en esta cueva donde tú estás y no nos dejas a nosotros penetrar.” Díceles José: “Yo por mi parte no me opongo. Seguidla, pues Dios es vuestro guía, y no sólo vuestro, sino también de todos aquellos a quienes quiso manifestar su gloria.” Al oír esto, los Magos pasaron y saludaron a María diciendo: “Salve, llena eres de gracia.” Después se acercaron al pesebre, y mirándolo vieron al niño.
92. Mas José dijo a Simeón: “Hijo, observa y vigila qué es lo que hacen dentro estos forasteros, pues no está bien que yo los espíe.” Y así lo hizo. Luego, le dijo a su padre: “Nada más pasar han saludado al niño y han caído en tierra sobre sus rostros: después le han adorado según la costumbre de los extranjeros y cada uno
va besando por separado los pies del niño, ¿qué es lo que hacen en este momento? No lo distingo bien.” Dícele José: “Observa atentamente.” Respondió Simeón: “Están abriendo ahora sus tesoros y le ofrecen dones.” Dícele José: ¿Qué es lo que le ofrecen?”. Simeón le contestó:”Pienso que lo que ofrecen son aquellos
presentes que envió el rey Herodes. Le acaban de ofrecer oro, incienso y mirra en unos cofres y han dado muchos dones a María.” Díjole José: “Muy bien han hecho estos señores en no besar al niño gratuitamente; lo contrario de aquellos pastores que llegaron aquí con las manos vacías.” Y de nuevo le dice: “Observa con
más atención y mira qué es lo que hacen.” Vigilando, pues. Simeón, dice: “Heaquí que de nuevo han adorado al niño y vienen hasta nosotros.”
93. Salieron por fin y dijeron a José: Oh dichosísimo varón! Ahora vas a saber quién es este niño que estás alimentando!” Díceles José: “Sospecho que es Mi hijo”. Dícenle ellos: “Su nombre es mas grande que el tuyo. Pero acaso la razón de que puedas decirte padre suyo esté en que le sirves, no como a tu hijo, sino como a tu Señor y tu Dios y porque tocándole con tus manos, le respetas con gran temor y diligencia. No nos tomes, pues, por ignorantes. Sábete que Aquel por el que has sido designado nutricio es el Dios de los dioses y el Señor de los que dominan, Dios y Rey de todos los príncipes y potestades, Dios de los ángeles y de los justos. El será el que salvará a todos los pueblos por su nombre, y el que deshará el aguijón de la muerte y borrará el poder del infierno. Le servirán los reyes y todas las tribus de la tierra le adoraran; y todas las lenguas le confesarán exclamando: Tú eres Cristo Jesús, libertador y salvador nuestro, pues Tú eres virtud y esplendor del Eterno Padre.
94. díceles José: ¿De dónde habéis sabido esto que me decís?” Dícenle los Magos: “Vosotros poseéis las viejas escrituras de los profetas de Dios en las que está escrito, sobre Cristo, cómo ha de tener lugar su venida en este mundo.También poseemos nosotros escrituras de escrituras más antiguas que se refieren a El. En lo tocante a tu pregunta sobre el principio de nuestro conocimiento escúchanos: Lo supimos por el aviso de una estrella (ésta se nos apareció más brillante que el Sol), de cuya luz nadie pudo hablar nunca. Y
esta estrella significa que la estirpe de Dios reinará en la claridad del día. Esta no giraba en el centro del cielo, como hacen las estrellas fijas y también los planetas, que aunque observan un plazo fijo de tiempo… mas solamente ésta no es errante. Pues nos parecía que todo el cielo no podía contenerla con toda su grandeza; y el mismo Sol no pudo nunca oscurecerla, como hace con las otras estrellas, por el brillo de su luz. (Más aún) éste pareció debilitarse a vista del fulgor de su venida. Pues esta estrella es la palabra de Dios, ya que existen tantas palabras de Dios cuantas son las estrellas. Y la palabra de
Dios (como el mismo Dios) es inefable. Lo mismo que esta estrella, que nos acompañó en la marcha (que emprendimos) para venir hasta el Cristo.
95. Así pues, José les dijo: “Me habéis regalado un gran placer con todo lo que acabáis de decirme. Os pido que os dignéis permanecer conmigo el día de hoy. “Ellos le contestaron: “Te rogamos nos permitas emprender nuestro viaje de vuelta, pues el rey nos ordenó que volviéramos lo más pronto posible a su lado”. Pero él les detuvo.
96. Ellos abrieron sus tesoros y ofrecieron a María y a José grandes presentes.
LA INFANCIA DEL SALVADOR
1. Ocurrió en cierta época que muchos niños seguían a Jesús para divertirse en su compañía. Mas había un padre de familia que, molesto al ver que se hijo se iba con Jesús, le encerró, para que no le siguiera,
en una torre fortísima y solidísima, donde no había agujero ni entrada alguna que no fuera la puerta y un ventanuco muy estrecho que apenas dejaba pasar un poquito de luz, y la puerta estaba oculta y bien cerrada. Y sucedió que un día se acercó por allí Jesús con sus compañeros para jugar. Al oírlos el niño, que estaba encerrado, se puso a gritar junto a la ventana de esta forma : “Jesús, compañero querido, al oír tu
voz se ha alegrado mi alma y me he sentido lleno de alivio. ¿Por qué me dejas aquí encerrado?” Jesús volviéndose hacia él le dijo: “Alárgame una mano o un dedo por el agujero”. Y, haciendo esto, tomó Jesús de la mano a quel niño y lo sacó a través de aquel pequeño ventanuco. Y el muchacho marchó en su compañía. Díjole Jesús: “Reconoce el poder de Dios y explica en tu vejez lo que Dios ha hecho por ti en tu infancia.” Al darse cuenta de lo ocurrido, el padre de familia lo primero que hizo fue observar la puerta. Y al encontrarlo todo intacto, dio gritos diciendo que era un fantasma. Y es que sus ojos estaban cegados para que no reconociera el poder divino.
2. Este padre de familia, que era el más anciano entre los magistrados de la sinagoga y entre los fariseos, los escribas y los doctores, fue a José quejándose de Jesús, que había obrado nuevas maravillas en el pueblo, de manera que ya se le veneraba como a un Dios; y, exaltándose, dijo: “Date cuenta que nuestros muchachos, entre los cuales se encuentra mi hijo, van siguiendo a Jesús hasta el campo de Sicar.” Y lleno de ira, cogió un palo con intención • de pegar a Jesús, y le fue siguiendo hasta el monte en cuyas laderas se extiende por un lado una huerta de habas. Mas Jesús escapó a su ira dando un salto desde los alto de la montaña hasta un lugar que distaba como un disparo de arco. Y, al verlo, los demás muchachos quisieron seguirle en el salto, cayendo al precipicio, y se fracturaron las piernas, los brazos y el cuello. Por este motivo se alzó una gran protesta ante María y José. Pero Jesús curó a todos y les dejó aún más sanos de lo que estaban. Al ver entonces esto el arquisinagogo, que era el padre del niño encarcelado, y todos los demás parientes, adoraron juntos a Dios Adonay. Y el lugar donde Jesús dio el salto se le nombra hasta hoy el “Salto del Señor.”
3. Y aconteció que, llegada la época de la sementera, marchó José a sembrar trigo y Jesús le siguió. Cuando José hubo empezado su faena, alargó Jesús la mano y cogió en ella un puñado de trigo, que esparció junto a la linde de la finca. José vino después a segar en la época de la recolección,
acompañado de Jesús, para recoger la cosecha que había sembrado, y su recolección fue de cien modios de trigo riquísimo, cantidad que no se recolectaron en tres o cuatro campos juntos. Y dijo a José: “Llamad a todos los pobres, los huérfanos y las viudas, y repartidles el trigo de mi cosecha.” Y así se hizo. Mas, al hacerlo, sobrevino un inesperado y extraordinario aumento. Los pobres que con él fueron socorridos bendecían al Señor de todo su corazón y decían que el Señor Dios de Israel había visitado a su pueblo.
4. Ocurrió otra vez que un día de sementera en que Jesús iba cruzando el Asia y vio a un labrador que sembraba cierta especie de legumbres, llamadas garbanzos, en un finca llamada “La cercana a la tumba de Raquel”, entre Jerusalén y Belén. Jesús le preguntó: “Hombre, ¿qué es lo que estás
sembrando? Mas le pareció mal la pregunta y el que se la hiciera un muchacho de aquella edad y respondió burlándose “Piedras.” Y Jesús le dijo entonces: “Tienes razón, porque realmente son piedras.” Y todos aquellos garbanzos se convirtieron en piedras durísimas, que aún hoy tienen la forma de garbanzos, su color y el ojuelo en la cabeza. Y por esta causa todos aquellos granos, tanto los sembrados como los que iban a serlo, se convirtieron en piedras. Y aún hoy, buscándolas con cuidado, se pueden encentar estas piedras en dicho campo.
5. Otro día al amanecer, cuando el rocío suavizaba los rayos del sol, caminaban José y María por la parte de Tiro y Didón en dirección a Nazareth. Y, a medida que se alzaba el sol, María se iba encontrando más sofocada, hasta que se sentó en el suelo llena de fatiga. Y le dijo a José: “Va subiendo el calor y me agobia: ¿qué es lo que puedo hacer? No hay por aquí sombra donde cobijarme”. Y, levantando su manos al cielo, oró diciendo: “¡Oh virtud del Altísimo!, por aquella dulce palabra
que oí una vez dicha por ti, cobíjame con tu sombra; que viva mi alma y concédeme tu refrigerio.” Jesús, al oír estas palabras, se alegró y, clavando en el suelo el palo seco que llevaba en la mano como
bastón, con voz imperiosa, dijo: “Dale al momento una sombra placentera a mi madre.” Y al instante aquella vara se convirtió en un árbol de frondosa copa, que les brindó un agradable alivio en su descanso.
6. Un día de invierno en que hacía un sol espléndido un rayo de sol se alargó y entró por la ventana hasta la pared de enfrente dentro de la casa de José. Y, encontrándose por allí los chicos de la vecindad, amigos de Jesús, correteando por la casa, Jesús se montó sobre el rayo de soí y, poniendo encima sus vestidos, se sentó en él como si estuviera acomodado sobre una fuerte viga. Al ver esto sus amigos, pensaron que eran capaces de hacer lo mismo. E intentaron sentarse con Jesús, imitándole en el juego. Al hacerlo se cayeron, gritando: “Nos hacemos daño”. Mas Jesús, a los ruegos de María y de José, se puso a curar las lesiones de los heridos soplando levemente en el lugar dolorido, y dijo: “El Espíritu sopla donde quiere y devuelve la salud a quienes le place.” Y todos fueron sanados en Jerusalén y en los alejados confines de Judá. Con lo cual el nombre de Jesús se extendió por todas las provincias. Y se llegaron para bendecirle y ser bendecidos a su vez por El. Y le dijeron: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron.”
7. José y María dieron gracias al Señor por todas las cosas que habían visto y oído.
En otra ocasión María dijo a su hijo: “Mira, hijo, ve a la fuente de Gabriel, saca agua de allí y tráela en este cántaro.” Y obediente a la petición de su madre, se marchó. Y le seguían, para verlo, chicos de su edad, portando a su vez cada uno un cántaro. Y, ya de regreso, lanzó Jesús con ímpetu su cántaro contra una roca que había en el camino, sin que éste se rompiera ni retumbara demasiado. Al ver esto los demás, hicieron los mismo con los suyos, rompiendo cada uno su cántaro y derramándose el agua que traían. Sobrevino entonces un tumulto y se pronunciaron quejas, mas Jesús recogió los trozos, recompuso las vasijas y entregó luego a cada uno la suya llena de agua. Y elevó sus ojos al cielo, diciendo: “Padre, de esta misma manera han de ser reformados los hombres desordenados que murieron.” Todos quedaron estupefactos por aquel hecho y por aquella palabra y le bendijeron: “Ben-ito el que viene en el nombre del Señor. A OM OM Sea.”
Si conocen otro hecho dejalo en los comentarios, para que sea de conocimiento publico.



gratisimas por darnos a konoser estos grandes hekhos de nuestro salvador i k an sido okultos i negados pada la humanidad
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