Opus Dei, sombra que se desliza veladamente tras los escenarios políticos
El hecho que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, tome partido abiertamente en la lid electoral de elegir a la nueva Constituyente, preocupa a más de un católico practicante, por aquello que a la fe no se puede mancillarla, peor ponerla al servicio de las minorías que constituyen quienes mantienen el poder económico y social de nuestro país, mucho más al saber que los miembros principales de la Conferencia Episcopal Ecuatoriano son miembros del Opus Dei. Veamos que significado tiene lo que se llama el Instituto.
Atribuyese a un dominico español haber confiado en los oídos de un redactor de France-Soir en Roma que el Papa Pío XXIII murió sin haber logrado desentrañar tres secretos: el milagro de Fátima, el oro de los Jesuitas y los efectivos del Opus Dei.
Aunque el discutido Instituto proclama en sus constituciones la sujeción más estricta a la autoridad de Roma, de hecho escapan a los ojos del Pontífice y de los simples mortales muchos secretos celosamente guardados por los seguidores de monseñor José María Escrivá, el fundador del Opus Dei, que lo habría instituido tomando el ejemplo de la eficaz labor secreta de la masonería.
En efecto, el sigilo preside todos los actos de esta especie de modernos cruzados de la fe o religiosos, civiles que ha devenido, junto con la Falange, en el principal sostén ideológico del régimen franquista de España y han logrado dar forma a una concepción política, la clerical-autoritaria, con proyecciones que alcanzan muchos otros países de Europa y América.
Un hálito de misterio rodea al Opus Dei: el artículo de la única copia de las constituciones que presumiblemente haya caído en manos extrañas al Instituto proclama severamente. Estas constituciones, las instrucciones publicadas y las que puedan en el futuro publicarse, así como los demás documentos no han de divulgarse: más aún, sin licencia del Padre, aquellos de dichos documentos que estuvieren escritos en lengua latina ni siquiera han de traducirse a las lenguas vulgares.
Quizás sólo la férrea disciplina a la que deben someterse los opudeistas supere su obsesión por la reserva. Mejor dicho una y otra van de la mano: Nuestro Instituto ha sido creado para el servicio de la Iglesia, por lo cual sus miembros estarán siempre prestos a perder la vida, los bienes, y además su alma. (Art. 208) y a practicar el tormento de la carne como ejercicio habitual, ya que para fortalecer el espíritu propio de la Institución, se fomenta la penitencia y la aflicción del cuerpo, que más bien ha de buscarse en las cosas pequeñas y ordinarias y en un trabajo cotidiano, constante, y ordenado (Art. 217). Todo esto saturado con copiosas oraciones y algunas lágrimas obligatorias ya sean fuera de las casas del Instituto o en su seno, y en tal caso frente a una cruz de color negro sin la imagen del Crucificado (Art. 234). Las prescripciones para la vida diaria de un miembro del Opus Dei son explícitas y minuciosas a este respecto, y en todo caso encuentran amparo en las normas dadas por el Padre, o sea José María Escrivá, en Camino, el librito del Opus que circula por millones en todo el mundo no sólo de habla castellana:- Antes de acostarse, se santiguan y rocían la cama con agua bendita. Rezan de rodillas con los brazos en cruz las tres avemarías de la pureza. ¿Lloras?- No te dé vergüenza. Llora: que sí, que los hombres también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios.- Por la noche dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho. Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y sobrenaturalizar tu vida actual. (Camino, máxima 216, de las 999 que contiene el manual).
En la calle, el miembro del Opus Dei transita persuadido de que la castidad… hace a los hombres muy semejantes a los ángeles y los vuelve muy gratos a Cristo y para su Santísima Madre (Art. 158) y, en consecuencia, guarda la vista y evita las tentaciones que menudean por doquier. Y por eso suelen llevar la mano en el bolsillo porque en el bolsillo llevan un crucifijo que será apretado con las manos cuando sobrevenga la tentación, como dice Jesús Ynfante, autor de la Prodigiosa aventura del Opus Dei. Génesis y desarrollo de la Santa Mafia. (Ediciones Ruedo Ibérico, París 1970) denso pero apasionante y documentado estudio de la Obra de Dios, que pone al alcance del lector común un acervo riquísimo de informaciones acerca del Opus Dei, esa sombra que a veces se desliza veladamente tras los escenarios políticos en nuestros países, y en ocasiones actúa más o menos abiertamente como en el Ecuador donde el Opus mantiene vigencia.
Una meticulosa y paciente labor preparatoria le ha permitido al Opus Dei disponer de su propio grupo financiero, tan importante que a su son bailan los restantes grupos españoles. Ynfante caracteriza al Opus como el comodín de la oligarquía financiera que acelera desde el poder político el proceso de concentración monopolista de la clase dominante española. La verdad así sea.



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