Miércoles, Diciembre 30th, 2009 83 views

MEMORADIO 34
LIBERACIÓN DE LA POSEÍDA
Y las dos mujeres regresaron a su aldea. Y ‘llegó el instante en que la joven estaba sujeta a su visión, y en que el demonio se disponía a atacarla. Y el maldito se presentó a sus ojos bajo su figura habitual de dragón y la joven sintió pavor, y dijo: «Madre, he aquí mi malvado enemigo, que va a asaltarme. Tengo mucho miedo.» Su madre le dijo: «No temas sus arañazos, hija mía. Espera a que se acerque, muéstrale el pañal que nos ha dado Santa María y sabremos lo que ocurre.»
Y la joven, viendo que su enemigo se aproximaba bajo la forma de un dragón enorme y de aspecto horrible, empezó a temblar con todos sus miembros. Y, cuando más cerca estaba de ella, le mostró el pañal, y, habiéndolo puesto sobre su cabeza, vio cómo salían de él llamas ardientes y carbones abrasados, que se proyectaban sobre el dragón. ¡Oh prodigio brillante el que entonces se produjo! En el momento mismo en que el dragón dirigió su mirada al pañal de Jesús, salió de éste el fuego, que lo hirió en la cabeza, en los ojos y en la faz, haciéndolo rugir y dar sonidos terribles. Y, con voz estridente, gritó diciendo: «¿Qué quieres, Jesús, hijo de María? ¿Cómo podré escapar de ti?» Y tomó la fuga, desapareció y no se le vio más. Y la joven recobró la paz de espíritu, y pasó de la angustia a la alegría. Y, a partir de aquel día, no volvió a visitarla la visión horrorosa. (más…)
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Sábado, Diciembre 12th, 2009 8 views
SHILHOH dijo: “El reino del Padre es como un mercader que tenía mercancía, y entonces encontró una perla. Ahora bien, el mercader era listo: vendió la mercancía y compró aquella sola perla. Lo mismo vosotros; buscad el tesoro que es inagotable, que es permanente, allí donde ninguna polilla viene a consumirlo, y ningún gusano lo destruye.”
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Lunes, Noviembre 30th, 2009 76 views

MEMORADIO 7 LLEGADA DE LOS MAGOS
1. Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Betlehem de Judea, en la época del rey Heredes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y se apareció a las gentes de aquel país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer kanun (fiesta de la Natividad de Cristo) había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, con lujoso aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de pronto una luz vivísima brilló sobre sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas las diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había alzado sobre Persia, y que, por su luz, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: ¿Qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el Dios de los Dioses, la luz que surge de la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes, magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: ¿Qué presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incienso y el tercero tres libras de mirra. Y se revistieron con sus ornamentos preciosos, colocándose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en camino, guiados por la estrella que se les había aparecido. Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, guió a los reyes de Persia a Jerusalén, como ya Zoroas-tro lo había predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día, y preguntaron a las gentes de la ciudad, diciendo: ¿Dónde ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de Jerusalén se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes. (más…)

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