EL EVANGELIO ÁRABE DE LA INFANCIA

Lunes, Noviembre 30th, 2009 75 views

MEMORADIO 7 LLEGADA DE LOS MAGOS

1. Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Betlehem de Judea, en la época del rey Heredes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y se apareció a las gentes de aquel país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer kanun (fiesta de la Natividad de Cristo) había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las es­trellas, todos los magos, con lujoso apara­to, celebraban magníficamente su solem­nidad, cuando de pronto una luz vivísima brilló sobre sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas las diversio­nes y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había alzado sobre Persia, y que, por su luz, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua: ¿Qué es este sig­no que observamos? Y, como por adivina­ción, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el Dios de los Dioses, la luz que surge de la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofre­cerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes, magistrados, capi­tanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: ¿Qué presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres re­yes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incien­so y el tercero tres libras de mirra. Y se re­vistieron con sus ornamentos preciosos, colocándose la tiara en la cabeza, y portan­do su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en camino, guiados por la estrella que se les había aparecido. Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimen­to a Daniel, recluido en la cueva de los leo­nes, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, guió a los re­yes de Persia a Jerusalén, como ya Zoroas-tro lo había predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día, y preguntaron a las gentes de la ciudad, diciendo: ¿Dónde ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de Jerusalén se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes. (más…)

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